Poeta Julio Medina Gimenes

Poeta Julio Medina Gimenes
s no es para quedarnos en casa que hacemos una casa no es para quedarnos en el amor que amamos y no morimos para morir tenemos sed y paciencias de animal.Juan Gelman

martes, 6 de septiembre de 2011

IDEAS,Filosofía-Gramsci recargado En Gramsci y la educación, los conceptos del revolucionario italiano son releídos y puestos en valor por un politólogo, un sociólogo y dos pedagogos de la UBA. Entrevistados por Revistaenie.com, tres de los autores destacan el aporte gramsciano a ese área nodal que da título al libro y trasciende en mucho los roles y las funciones de las entidades educativas.


El ulular de la sirena que advierte sobre una amenaza de bomba no inquieta mayormente a nadie en la calle Puán. Todo el mundo en la Facultad de Filosofía y Letras procede a desalojar el edificio sin apuro visible. Los alumnos se instalan masivamente en las inmediaciones de la entrada, a la espera de que las actividades se retomen como tantas otras veces. Pero la entrevista acordada días atrás con los profesores que escribieron Gramsci y la educación no puede realizarse en la oficina prevista. Como para muchas otras cuestiones interrumpidas por la alarma, el plan B indica trasladarse a algún café de la zona.
Allí Flora Hillert, profesora de la maestría de Pedagogías críticas y problemáticas socioeducativas junto a otros autores, es la primera en contestar las preguntas de Ñ. Los videos de esta nota registran algunas de sus respuestas y otras ulteriores del sociólogo Luis Rigal y el también pedagogo Daniel Suárez. Sucesivos viajes interfirieron en la posibilidad de que el cuarto autor, Hernán Ouviña, politólogo, nos diera sus comentarios a tiempo para esta nota.
—Flora, ¿a qué se debe la caída en desgracia, la pérdida de prensa de Gramsci durante tanto tiempo?
—Hasta que llegó nuestro libro —bromea Suárez.
—Por un lado yo decía que en los 80 y en los 90 Gramsci fue reivindicado en la nueva sociología de la educación —dice Hillert luego de sonreír ante la pregunta primero y el comentario después—, y por teóricos de la educación, especialmente anglosajones. Y en la llegada de (el influyente teórico de la educación Paulo) Freire también. Luis comentaba el otro día que Freire había dicho que sin conocer a Gramsci había trabajado con las ideas gramscianas durante varias décadas, ¿no? Está claro que cuando se imponen el neoconservadurismo y el sentido común neoconservador, anti-estado, parece que la caída del llamado socialismo real, el escepticismo y el debilitamiento de la clase obrera por la desocupación, la crisis de los sindicatos, etc., etc., tenemos una crisis política, ideológica, social muy profunda. Frente a esto, muchos pensadores latinoamericanos volvieron, o volvimos, a levantar la consigna que no es de Gramsci en realidad, pero Gramsci la levantaba, “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”, y de ese ocaso de las ideas de Gramsci, y en el mar del “sentido común”, del espectáculo, de la crítica, la política y demás, creo que eso explica el ocaso. Pero también por qué una cantidad de sectores, especialmente en América Latina, pelearon por levantar a Gramsci.
No hacía tanto que había sido traducido al español. (...) Todos estamos hoy en la lucha cultural. Nos felicitamos de poder estar en condiciones de lucha cultural, que es resultado de otras luchas anteriores, y de comprobar que la lucha cultural puede ser exitosa, que la opinión pública puede cambiar a partir del debate, Eso nos produce una gran satisfacción. Pero creo que quizás el proceso de Bolivia es el más claro: el vicepresidente boliviano apela a Gramsci permanentemente en sus trabajos, o sea que no es sólo un ocaso sino un resurgimiento, y no es de un intelectual, de dos intelectuales. Pienso que es más colectivo, ¿no?

—Pero el rating de Hobsbawm, o de Lenin, de Marx, no cayó nunca tanto como el de Gramsci, aún en los peores momentos del neoliberalismo...
—Pero Gramsci nunca tuvo ese rating, porque justamente el marxismo ortodoxo, prefiero decir el marxismo oficial, se ocupó justamente de no trabajar lo cultural ni de difundir un autor que trabajara lo cultural de esta manera.
“… me gustaría decir que un pensamiento como el de Gramsci nos ayuda a ser mejores educadores”, escribe en el prólogo de esta obra el brasileño Moacir Gadotti, director del Instituto Paulo Freire de San Pablo. “¿Por qué? Porque él se basa en una profunda creencia en la capacidad humana de cambiar al mundo, por lo tanto, en la negación del determinismo histórico. Es un pensamiento que no le suelta la mano a un proyecto de sociedad, que afirma la politicidad como carácter inherente a todo lo que es humano, que reconoce la legitimidad del saber popular, de la cultura popular, del buen sentido popular.”

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