Poeta Julio Medina Gimenes

Poeta Julio Medina Gimenes
s no es para quedarnos en casa que hacemos una casa no es para quedarnos en el amor que amamos y no morimos para morir tenemos sed y paciencias de animal.Juan Gelman

miércoles, 9 de mayo de 2012

El cuerpo de la militancia “Darío Santillán. El militante que puso el cuerpo”, de Ariel Hendler, Mariano Pacheco y Juan Rey es una biografía del militante asesinado brutalmente por la policía bonaerense hace 10 años en la Masacre de Avellaneda. "Era realmente una decisión de vida a fondo la de comprometerse con sus pares", dijo Pacheco.

Darío Santillán fue asesinado junto a Maximiliano Kosteki en lo que se conoció como la Masacre de Avellaneda el 26 de junio de 2002 por agentes de la policía bonaerense. Con testimonios de familiares y amigos, Darío Santillán. El militante que puso el cuerpo (Planeta), de Ariel Hendler, Juan Rey y Mariano Pacheco -este último amigo de Santillán-, reconstruye los pasos de este militante del Movimiento de Trabajadores Desocupados que luchó hasta el final contra las injusticias sociales.

-Mariano, ¿qué relación tenías con Darío Santillán en esa militancia compartida? 
-Mariano Pacheco: Con Darío Santillán compartí un tiempo de militancia muy intenso. Lo conocí en lo que fue su primera actividad política, en marzo del ’98, en una agrupación de estudiantes secundarios de la zona de Quilmes y de Solano, donde él estudiaba. Y desde ahí hasta el 2000, que se conformó el Movimiento de Trabajadores Desocupados en su propio barrio Don Orione, en Claypole, compartimos una experiencia de militancia en los colegios secundarios, y también amistades, salidas. Y a partir del 2000, toda la experiencia de los Movimientos de Desocupados, primero en Claypole, en su barrio, y después él se fue a Lanús, pero seguimos formando parte de la coordinadora Aníbal Verón, en la cual confluían distintos movimientos de zona sur. Y actualmente soy militante del Frente Popular Darío Santillán, que se conformó en 2004.



-A nivel personal, ¿qué significó para vos escribir este libro?
-M.P.: A nivel personal, la elaboración de este libro implicó fundamentalmente dos cosas: por un lado, terminar de cerrar un proceso de duelo de una década. Digo terminar de cerrar porque anteriormente en 2010 publiqué una historia de los Movimientos de Trabajadores Desocupados, llamado De Cutral Có a Puente Pueyrredón, elaborado durante varios años, en donde también fui trabajando emotivamente todo el proceso de dolor que implicó la muerte de un amigo y un compañero. Y con este libro siento que pude “procesar” lo que había pasado hace diez años. Por otro lado, a diez años del asesinato de Darío Santillán y de Mariano Kosteki, este libro es un aporte más, teniendo en cuenta la importancia que lo impreso tiene en la cultura en general, y creo que es una forma de homenaje también a la memoria de Darío.

-¿Qué es lo que más recordás de él?
-M.P.: A mí lo que más me marca y siempre recuerdo de él es su persistencia, aún en situaciones desfavorables, como fueron los años ’90 en términos económicos, es cómo ponerle el cuerpo a la situación, por eso el título del libro. Es una actitud de compromiso general con los proyectos que emprendía, y un compromiso que está marcado por al autenticidad. No era un pibe que hacía las cosas porque sí o porque en ese momento le gustaba una cosa, y después otra, sino que era realmente una decisión de vida a fondo la de comprometerse con sus pares y generar un proyecto político que pudiera cambiar la situación política de la Argentina.



-¿Cómo viviste el 26 de junio de 2002?
-M.P.: Yo fui parte de la experiencia del 26 de junio como parte del MTD de Almirante Brown. Ese día ya se veía el clima enrarecido por las declaraciones del gobierno de los días previos. Además, la noche anterior habían reprimido un intento de corte de ruta en el norte del país, y todos sabíamos que íbamos a una jornada de lucha que no era una jornada más, sino que había mucho más riesgo. Y bueno, tal como suponíamos, se desató la represión pero de una manera que no habíamos previsto, porque no suponíamos que iba a ser tan salvaje, al punto no sólo de asesinar a dos chicos jóvenes, sino de herir con balas de plomo a más de 30 manifestantes. Fue una sensación de mucha adrenalina, miedo, confusión, por todo lo que implicó la represión. Había una decisión política de los movimientos de tratar de aguantar la represión lo más que se pueda con el fin de conservar el repliegue de las familias movilizadas. Yo tenía 20 años y los más jóvenes éramos los que estábamos en la primera línea de enfrentamiento con al represión. Por eso lo vivimos, de alguna manera, de una forma más directa. 

-¿Cómo surgió la idea de encarar un libro haciendo foco en su historia de vida?
-Juan Rey: La motivación viene desde ese 26 de junio de 2002, cuando lo mataron a Darío. Este gesto de solidaridad que tuvo él al momento de su muerte me conmovió mucho porque me pareció que tenía una carga humana como pocas veces vi en una persona, además de la brutalidad en la que lo asesinan. En un momento tuve la necesidad de contar esta historia, así que nos juntamos los tres y decidimos hacerlo de manera colectiva. 
-Ariel Hendler: A diez años del asesinato, entendimos que era un momento ideal para recordar y rendirle homenaje a una militancia juvenil que realmente le puso el cuerpo a las balas en los peores momentos, que fue la gran protagonista en los hechos del 19 y 20 de diciembre de 2001 que terminó con el gobierno de De la Rúa y que a un costo muy alto de dos vidas tuvo un gran protagonismo en el fin del gobierno de Duhalde. Es una militancia a la que debemos gran parte de la democracia que podemos disfrutar hoy en 2012 y creemos que Darío no tiene el reconocimiento que debería tener por la forma en la que colaboró a esta situación. Darío es un ejemplo de entrega militante como los hubo realmente muy pocos desde el 83’ para acá, es el emergente de toda una camada de militantes. 

-J.R: Su gesto final tiene mucho que ver con lo que fue Darío en vida, con un compromiso con la vida. Era una persona que ya desde chico mostraba una vocación solidaria muy marcada, un pibe muy querido, muy apasionado en cada cosa que hacía. 
-A.H.: Un poco la razón de ser del libro es que, tanto de Darío Santillán como de Maximiliano Kosteki, sólo se conoce la muerte. Y lo que no se conoce es su vida, quiénes fueron. Darío era un militante 100%, full time que militó desde la secundaria. El caso de Kosteki es distinto: era un muchacho con inquietudes más variadas, estéticas, artísticas, no era un militante full time. Darío sí, y además era un referente muy importante del movimiento piquetero en el conurbano. Y esto es lo que faltaba saberse y es el vacío que queremos cubrir con este libro.

-¿Creen que hay un punto de inflexión en la forma de ejercer la militancia desde el 26 de junio de 2002 hasta acá?
-A.H.: Sí, yo hablaría de dos puntos de inflexión: uno previo, a fines de lo ‘90, principios del 2000, donde surge una nueva forma de militancia que tiene que ver con la metodología de los piquetes, cortes de rutas, avenidas importantes en el conurbano. Es una militancia que puso en jaque al modelo neoliberal, en su continuidad delarruista. Esa militancia fue la que terminó expulsando al gobierno de De la Rúa y en parte al de Duhalde también. Después, en 2002, con la masacre se produjo un nuevo punto de inflexión que tuvo que ver con el repliegue forzado de toda esa militancia cuando quedó bien claro que la intención del gobierno era aniquilar a esa militancia. Ese punto de inflexión fue derivando al momento en que vivimos ahora.  



-¿Hay algún avance en términos legales en la causa de Darío Santillán?
-J.R.: Los asesinos materiales están presos gracias a la lucha del Frente Darío Santillán y otras organizaciones de Derechos Humanos que acompañaron el reclamo de justicia, pero los instigadores, los responsables políticos, están libres. Se candidatean y gozan de privilegios políticos. Y eso es lo que se sigue exigiendo: juicio y castigo a los responsables políticos desde Duhalde para abajo. Después, la promesa de Kirchner era investigar a fondo las responsabilidades políticas y no lo hizo. El padre de Darío, Alberto, en el documental “La crisis causó dos nuevas muertes”, dice textualmente: “Kirchner mintió sobre la vida de mi hijo y eso no se lo voy a perdonar nunca”. 

-¿Qué piensan de las políticas del Gobierno actual en torno a estas circunstancias, como el caso de Mariano Ferreyra o las represiones en distintas provincias del país?
-M.P.: Evidentemente hay una decisión política del gobierno desde 2003 en adelante que tenía que ver con no reprimir de manera directa la protesta social, pero también una serie de alianzas que hacían que ese mismo gobierno pudiera sostenerse en el poder, que no le permitían garantizar que esa política de Estado pueda ser llevada adelante. Entonces, tanto como cuando hay represiones en provincias –como hace poco fue en Santiago del Estero, o en Neuquén, que muchas veces no es de manera directa, como el caso de Neuquén, pero muchas veces sí, son gobernadores que forman parte de la estructura política que sostiene este proyecto de gobierno y hace que las medidas que antes quizás se tomaran de manera directa, hoy se tomen de manera encubierta, pero se siguen tomando. Es enfrentar la protesta social con represión. Y en el caso de Mariano Ferreyra, fue aún más triste porque quienes lo enfrentaron no fueron siquiera las fuerzas represivas del Estado, sino sectores sindicales que hoy son más empresarios que sindicatos y ven en la gente como Darío Santillán o Mariano Ferreyra, gente joven que promueve ideales libertarios, de mayor participación política, de involucrarse con los problemas comunes, ponen en riesgo su lugar de privilegio, y entonces eso es atacado de manera directa. 



-¿Cuáles son sus opiniones sobre este protagonismo que se le da a la militancia de los jóvenes hoy? 
-M.P.: Creo que es una especie de mito político que moviliza hoy a cientos de miles de jóvenes tras las banderas del proyecto del gobierno. Pero bueno, uno no lo puede juzgar moralmente, porque todo el que hace política apuesta, y ellos hacen su apuesta. Pero hablo de mito porque, en realidad, si uno ve el proceso político de resistencia al neoliberalismo, mayormente estuvo protagonizado por los jóvenes. Desde mediados de los ’90, en el movimiento piquetero, quienes más imprimían dinamismo eran jóvenes, los H.I.J.O.S. que hicieron tanto por la lucha de los Derechos Humanos, surgieron a mediados de los ’90, el 19 y 20 de diciembre de 2001 los motoqueros y la gente que enfrentó al represión en Plaza de Mayo en general eran jóvenes, entonces es una especie de mito plantear que ahora la juventud se ha politizado. Esto viene desde hace décadas y siempre la juventud ha tenido, aún en los peores momentos, un nivel de protagonismo. Pasa que ahora aparece en primera plana porque también hay recursos económicos, políticos y simbólicos que hacen que eso aparezca en primera plana. En principio, no puedo hacer un juicio moral sobre aquellos que hoy deciden ponerle el cuerpo a la militancia siendo funcionarios, pero lo que sí puedo decir es que está muy lejos de la experiencia que vivió Darío y hoy continúan sus compañeras y compañeros que no es una militancia ni virtual ni por celular ni por Internet, ni tampoco en los despachos oficiales, es una militancia en los barrios en los colegios, las universidades y los colegios, junto con sus pares. 

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